Discapacidad en América Latina.
Por Alejandro Hernández - Presidente de la Fundación Nacional de Discapacitados de Chile.
La Discapacidad en América Latina alcanza a más de 90 millones de personas, así lo indican las estimaciones hechas recientemente por la Organización Mundial de la Salud. Si agregamos al menos tres familiares por cada uno, llegamos a la conclusión de que este tema afecta a 270 millones de ciudadanos.
Esta enorme cantidad de personas, es el sector más grande e históricamente excluido de la historia de América Latina y esta temática está directamente relacionada con paradigmas de exclusión y abandono. Me refiero a la pobreza más compleja, a esa que por sus características resulta a veces difícil de observar, esa que en muchos casos aparece oculta tras la sobreprotección, la vergüenza, la desesperanza y el dolor auto aprendidos.
Más allá de las fronteras y políticas que separan los anhelos de los pueblos de América Latina. Más allá de temas limítrofes sin resolver. Más allá de la estrechez de mente de quienes aun no entienden que los tratados económicos deben partir primero entre los países del continente para favorecer a los más pobres; la discapacidad sigue latiendo en todos los rincones de nuestra tierra, en millones de corazones, en cada localidad, en cada pueblo y en cada ciudad latinoamericana.
Cientos de miles de ciegos, sordos, mudos, hemipléjicos, parapléjicos, deficientes mentales, sicológicos, físicos y orgánicos, exigen autoridades y leyes que respeten su dignidad y su calidad de personas con necesidades especiales. Sin embargo la exigencia choca con la realidad. "El grado de desarrollo de un pueblo se mide en la forma en que trata a sus discapacitados" y América Latina está lejos de ser desarrollada en materia de discapacidad. Eximiendo a Cuba, donde ya se tiene conciencia de la importancia de la salud e integración de los más excluidos.
En mi trabajo de más de 20 años en integración social de personas con discapacidad y en calidad de Presidente de la Fundación Nacional de Discapacitados, he visto el mundo de la discapacidad y la pobreza de muy cerca. En este mundo muchos se preguntan ¿cual es el grado de desarrollo de países como Chile?. Porque en este país los niños con discapacidad aun deben mendigar atención, vender su dignidad e identidad personal y familiar a cambio de algunas monedas y/o aparatos ortopédicos. En Chile el 97% de los discapacitados no ha tenido nunca acceso a un adecuado proceso de rehabilitación integral.
A cambio se compra y vende la rehabilitación. Porque en el país más austral del mundo, se realizan las famosas campañas "Teletón" donde por televisión una vez cada dos años, se obliga a los ciudadanos a consumir tal o cual producto, tal o cual servicio "para que los niños puedan caminar". La rehabilitación es un DERECHO HUMANO y una responsabilidad de todo Gobierno y Estado. Y las responsabilidades y los derechos definitivamente no son endosables ni transferibles.
Exhibir a los niños en pantalla, sus extremidades amputadas y deficiencias como diciendo "ayude y deposite en tal cuenta corriente o este niño no tendrá derecho a rehabilitarse", resulta macabro e indigno para cualquier infante e inapropiado para cualquier país en desarrollo. En Chile y los demás países latinoamericanos los ciudadanos ya están pagando sus impuestos, no obstante la rehabilitación y la salud siguen siendo servicios suntuarios, reservado solo para unos pocos afortunados. FONASA (Fondo Nacional de Salud) Nivel 1,2, 3, 4 que diferencian según status económico y servicios de Isapres que no hacen más de segregar y excluir en un sistema de salud pagado son la tonica en Chile.
Aquí los padres observan impotentes el grado de discriminación de los niños en el sistema educacional, en una realidad donde el 42% de sus hijos no culmina la enseñanza básica. Observan indignados el cese de las subvenciones para las escuelas especiales y de cómo se pretende integrar a escuelas regulares a un gran número de niños sin la debida reestructuración del sistema educacional chileno. Del acceso a la universidad para los discapacitados en Chile mejor ni hablar.
Más allá del aparente desarrollo económico, en Chile los discapacitados viven sumidos en la desesperanza, la pobreza, discriminación y exclusión. Viven con suerte y si es que el sistema les favorece, con una pensión asistencial de US $ 62 mensuales. Digo con suerte porque el sistema de pensiones de "invalidez" debe "evaluar" a cada discapacitado y discapacitada año a año. Los visitan, fiscalizando si tienen casa sólida, televisor o nevera, y si es
asi, el discapacitado no califica para dicha pensión asistencial, como si solo algunos de ellos fueran sujetos de derecho y otros no.
Y sigue la discriminación. Hoy en pleno año 2006, el gobierno chileno le quita la pensión asistencial de $ 34.000 una vez que encuentran trabajo. Además no califican a la subvención estatal, los que tienen una casa limpia o digna, tampoco aquellos que han logrado ponerle a su hogar agua potable y alcantarillado. ¿Cómo le llamaría usted a un sistema o gobierno que le roba la pensión a un anciano o a un discapacitado.?. Solo el transporte para una persona con discapacidad en Santiago de Chile alcanza los US $ 70 mensuales, una silla de ruedas tiene un costo promedio de US $ 253.
Chile es el único país que "premia" al discapacitado con una pensión que no alcanza siquiera para cubrir los gastos de transporte, siempre y cuando viva sumido en la pobreza y la cesantía. Con respecto al trabajo, existe un 99% de desempleo y solo un 1% encuentra trabajo en el mercado formal; cuando lo encuentra, el Estado le quita la pensión. Insólito. Como guinda de la torta, solo en Chile a los vendedores ambulantes discapacitados (9% de trabajo informal en el área de la discapacidad) se les persigue, se les golpea y se les encarcela.
Ecos al interior de nuestros países latinoamericanos cuando de discapacidad se trata. Miradas evasivas, llamadas sin contestar, promesas sin cumplir, empatía sin desarrollar, en definitiva una gran falta de amor. A no ser que la discapacidad nos toque directamente en nuestra puerta y nos deje en la misma situación de impotencia en que viven aquellos que son los predilectos de Jesús, pero que no son precisamente los predilectos de la estructura eclesiástica.
Los invito a ir revisando el acontecer de la discapacidad en América Latina, porque si queremos combatir la pobreza y la desigualdad, debemos sin lugar a dudas comenzar trabajando las necesidades de las personas con discapacidad. Trabajemos sobre la necesidad de los más pobres y excluidos al interior de nuestros países latinoamericanos y veamos como poco a poco se van abriendo los horizontes.